Día a día

Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas. Eduardo Galeano

lunes, 1 de abril de 2019

El Percance


Último día del mes de marzo. Preparando la comida de ese domingo. Abro el armario escurridor y al sacar una sartén... ¡la debacle, el caos!

La sartén, pesada y grande, se me escurre de las manos, en el intento de salir de ese armario, se lleva por delante dos vasos y todos los utensilios del exprimidor de fruta.

La maldita sartén rebota en el fregadero, choca con una cazuela, puesta al fuego en la placa vitrocerámica.

Salvo la sartén, salvo la cazuela y sobre todo me salvo de no quemarme con ella y su contenido, salvo parte de los utensilios del exprimidor, salvo los vasos... pero no me había percatado que en este rifirrafe había caído, también, un colador que en todo este trajín pisé sin darme cuenta, ha pasado a mejor vida  el pobre, y la placa vitrocerámica se ha encontrado con una grieta, que esta malvada sartén, en su afán de salir de un  armario escurridor, ha roto de rebote.

Un dedo de mi mano con un cardenal, que hasta ahora mismo, no sé cómo me lo he hecho.

Todo esto, contado así, es gracioso, pero el susto y el estruendo fueron morrocotudos.

Por cierto, el altercado no duró más de 5 segundos.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Pausas


Hay días y hay momentos en que parece que la vida pasa sobre mí, como una ola gigante.

Hoy, he encontrado este texto en la red de redes, no se su autor, pero me ha llegado como un tesoro. Un desahogo ante las dudas.



miércoles, 6 de marzo de 2019

En Granada



Escuchando “Recuerdos de la Alhambra” de Tárrega, me invade la tristeza y la soledad.

Esta música me trae recuerdos de aquel verano en el que descubrí la tierra de mi padre, un padre nunca visto, nunca recordado, fuera de mi vida.

El recorrido por esa ciudad hermosa, por esa Granada que me emocionó, pensando en lo que pudo ser y no fue. El recorrido por el Albaicín, donde mi padre nació, donde todavía vivía parte de esa familia no conocida, negada, olvidada. El aroma de las flores en el Generalife, el sonido del agua en las fuentes, en los canales, el suave viento...

Aquellas calles de una ciudad que pudo ser la mía, aquella vida no vivida.

Y el mar, allá en Almuñécar, sereno, dulce y amargo como la vida.

Que extraños sentimientos y recuerdos pueden conseguir unas notas de música.

Recuerdos olvidados. Heridas que parecían cerradas.